miércoles. 30.11.2022
agrupaciones folcloricas (2)
José Antonio Hernández Jorge y Esteban Ramírez Suárez, fundadores de las AF Maxorata y La Oliva.

Hace ya 55 años, en 1967, se fundó en la capital majorera la Agrupación Folklórica Maxorata. Y tres años más tarde, en 1970, la Agrupación Folklórica de La Oliva. Para analizar los inicios y la situación actual del folclore, Cope Fuerteventura invitó a dos de los fundadores de estos grupos, José Antonio Hernández Jorge, y Esteban Ramírez Suárez.

Aunque antes de que surgieran, recuerdan ambos, hubo otra agrupación que fundó el general García Escámez, pero estos dos son las únicas que han sobrevivido hasta la actualidad. Fueron las autoridades de la época quienes quisieron crear estos grupos. Recuerda Esteban Ramírez que en su caso fue porque "venía el obispo de Las Palmas a visitar La Oliva. Estaba el cura, Concha María Fleitas, y estábamos parrandiando en el teleclub. Fuimos buscando gente que tocara la guitarra, el timple el laúd, con el único coche que había, el de Concha María. Vino el obispo le bailamos, y hasta el día de hoy".

En el caso de la Agrupación Folklórica Maxorata, José Antonio Hernández relata una historia similar. En Puerto del Rosario, "se juntaba la gente en el Cine Marga. Los que empezamos éramos parranderos antiguos, como los hermanos Navarro o Casimiro Camacho. Salíamos a tocar fuera, a Tenerife". Aunque recuerda que la agrupación tuvo "un parón en los años 70, por los que se fueron al ejército". Unos años más tarde, con "los tres hermanos Guedes de La Asomada, gente de El Time, siendo alcalde Don Guillermo, en los años 80 se unificó otra vez la Maxorata".

José Antonio Hernández cogió su primer instrumento a los 12 años. Aunque tocó el laúd durante 7 años, "lo mío es la guitarra, porque puedo tocarla y cantar". En su juventud, "había dos o tres cantinas en las que nos reuníamos los amigos. Empezamos a practicar folklore, y escuchábamos los disco de la época, que eran de pasta".

Esteban Ramírez Suárez, por su parte, aprendió de su padre, el legendario Esteban Ramírez de León, a quien hoy cada año se da homenaje en el festival que lleva su nombre, y que ya ha cumplido veinticuatro ediciones. Padre e hijo, y varios de los hermanos, estuvieron en el nacimiento de la agrupación, y hoy lo hacen también los nietos, como Isidro y Silvestre Ramírez.

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"Yo aprendí el timple con mi padre", recuerda. "Los amigos venían a aprender con él a casa. Él tocaba el timple y la guitarra. Y mis hermanos y yo les mirábamos. Con ocho años, me quedaba dormido viéndolos. Aprendí la berlina y la polca con mi tío Vicente, y a bailar con Pancho Fuentes". .

En las fiestas y en los bailes de la época "no solo había folclore, también mucha ranchera", como Irma Vila o el Trío Los Panchos, recuerda Antonio Hernández. E igual para Esteban Ramírez. En su caso, "yo para mí lo primero era el folclore, pero llegaba también otra música en la radio. Radio Atlántico y Radio Club daban las serenatas. Se oía otra clase de música que íbamos aprendiendo". Más tarde, en la tienda de Blas Gil, que "vendía toda clase de instrumentos, me compré un tocadiscos. Y los discos de México, casi todos me los compré".

Pero a pesar de las tendencias que fueron llegando, el folclore fue siempre una pata importante de la cultura y de la sociedad en cada una de las islas, algo que lamentan, no ocurre a día de hoy.

"Que cada isla toque lo suyo"

En opinión de Esteban Ramírez, "yo no veo bien la música canaria de hoy. Se están echando a perder los estilos. Antes cada isla tenía el suyo propio, y tampoco veo mucha gente que quiera seguir con el folclore". Antes, añade José Antonio Hernández, "los oíamos cantar y decíamos mira, este es de Tenerife. Hoy no sabes de donde es, porque todos son igual".

"En mi modesta opinión, cuando vamos a otras islas, tocamos las piezas nuestras. Cada isla tiene que tocar lo suyo, y no estar imitando lo de otros. Y si sales al extranjero, toque usted un poquito de cada isla. Pero dentro de las islas, que cada uno toque lo suyo", zanja el veterano parrandero.

Agrupación Folklórica de La Oliva en 1970.
Agrupación Folklórica de La Oliva en 1970.

Las piezas propias de Fuerteventura serían "la polca majorera, la isa majorera, el sorondongo y la berlina", apunta Ramírez, porque "folías y malagueñas están en todas las islas". Aunque sí reconocen que en los estilos de baile o las vestimentas se mantiene la identidad de cada isla.

Otro asunto que no les parece bien en el devenir del folclore es el mal uso de la polca, "la picaresca de la polca majorera", que en su opinión se ha perdido. "El buen cantador majorero tiene que cantarla, pero darla a entender, no decir la grosería, porque hay mucha gente y niños escuchando".

Ramírez opina igual, y añade que "también tienen culpa a los espectadores. Como la gente está aplaudiendo y riendo, vienen otros y lo hacen igual. Yo paro la televisión y la radio cuando lo oigo". José Antonio pone un ejemplo de esa polca en que la picaresca está sugerida, cuando cantamos <<Una vieja se cayó, y en el suelo estuvo en rato, y todo el que pasaba, le saludaba el aparato>>. "Todo el mundo sabe lo que es, pero sin decirlo".

También han cambiado los instrumentos. Si bien en las parrandas y en los bailes podía haber un violín, no los había en los grupos. "Hoy en día lo mismo ves un violín, que ves un acordeón, algo que a mi particularmente no me parece bien", señala Esteban Ramírez, pues los instrumentos tradicionales serían guitarra, timple, laúd y bajo.

También señalan una cierta crítica a la formación académica, cuando hoy en día "aprenden el solfeo, formación clásica y la traen. Suena muy bien, pero la música tradicional no es así. Es más sencilla y también muy bonita".

También cuesta mucho llevar a la juventud al folclore, porque "hoy la juventud no quiere". Recuerda Ramírez que "la agrupación de La Oliva surgió porque no había nada en el pueblo. Era la novedad en el centro cultural". Pero hoy "hay muchas cosas para distraerse. Los jóvenes donde miran ya no es el folclore".

Y pone el ejemplo de sus hijos Silvestre e Isidro, reconocidos formadores, que tienen hasta doscientos alumnos en La Oliva. "Pero aprenden, los ves de parranda por ahí, les gusta, pero luego no quieren entrar en el grupo".

A pesar de todo ello, los veteranos tocadores defienden la buena salud de sus respectivas agrupaciones. "La Oliva está más fuerte que nunca", y añade su compañero, "la nuestra también. Con gente nueva en el baile, y la cosa está mejor que algún año atrás".

Para recuperar el folclore y el respeto a la cultura tradicional, defienden que hace falta un poquito más de empeño desde las entidades públicas, señala Ramírez. Y Hernández va incluso más allá, hasta el punto que "yo pediría que en los colegios se implantara obligado un curso de folclore. De ahí salen seguro los futuros folcloristas. Que vayan profesores a enseñarles a tocar y bailar, y así habrá frutos. No dejarlo todo a los pocos que llegan a las agrupaciones".

Finaliza José Antonio con una bonita frase de su cosecha, defendiendo la música como "parte de mi vida", y a la que llama "el bálsamo del alma y el bienestar del espíritu".

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